miércoles, 25 de noviembre de 2009

Viniste a mi buscando un refugio, cuando decidiste que la vida te había golpeado lo suficiente. Las puertas ya estaban cerradas, y por la ventana pudiste divisar una vaga esperanza, que volvió a darte la espalda, dejandote solo con tu frió reflejo.
Sin fuerzas para volver a emprender el vuelo, buscaste cobijo en las sombras, esperando que el cruel destino al que tanto temes no te encuentre.
Solo, herido, e intentando que la alegría que alguna vez te baño, no te abandone a tu suerte. Fuiste perdiendo tu esencia hasta perecer en el olvido...convirtiéndote en parte de todo, esparcido en gotas de rocío.
Y yo tan cobarde! que no tengo el coraje de salir a buscarte. Sufro y vivo preguntándome ¿que habrá sido de ese corazón? aquel que alguna vez alguien amo y lo deje consigo, que aunque sea propio no puedo llamarlo mío...
Y volvió buscando refugio... cuando ya me había ido.
Humilde rosa de oro

La cabeza dispersa
Tanta cordura en tu locura
Una mirada profunda

cargada de ternura.
La palabra sincera,

la voz que te arrulla.
Suaves manos que acarician

las cuerdas que me empujan.
Pensamientos hermosos

plasmados en papel
traídos desde el cielo por vos
en las alas de un ángel.
Una rosa con vergüenza

escondida tras su propia belleza.
Con tanta simpleza

y amor a los demás,
brindándonos alegría,
por prestarnos tu presencia,
y la bondad con la que piensas,
que hace que te quiera aun más.